Sexto Mandamiento
Hay una matización: la formulación bíblica del 6º mandamiento
es: “No cometerás adulterio”, nos hace conscientes de la dimensión de la
esponsalidad. Dios amó a Israel como un esposo ama a la esposa. La imagen
esponsal atraviesa la Sagrada Escritura, esta vocación es inherente a la
naturaleza humana. El corazón del sacerdote se casa con la Iglesia, Jesús se
desposó con la Iglesia. Para amar fielmente se requiere amar con un amor maduro
y responsable. El riesgo es llamar amor a lo que no es amor. La fidelidad es
una forma de amar plenamente, con un estilo de vida de sinceridad, de lealtad.
Necesitamos que Dios nos enseñe a amar (José Ignacio Munilla Obispo de
Orihuela-Alicante).
En la catequesis se dice: “No cometerás actos
impuros”, porque el sexto mandamiento incluye la globalidad de la sexualidad
humana. Dios nos ha dado una vocación al amor. En el amor auténtico no hay
espacio para la lujuria.
La castidad como virtud es para los matrimonio, para
los solteros, para todos los estados de vida y para todas las personas. La
castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por
ello en la unidad interior del hombre en su ser espiritual y corporal (cfr.
CEC, 2337). No tolera la doble vida ni el doble lenguaje (CEC, 2338), Implica
un aprendizaje del dominio de sí, o el hombre controla sus pasiones y tiene la
paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado.
La castidad es parte de la templanza. La templanza
modera la atracción de los placeres. Es de gran actualidad porque hay adicción
al juego, a las aplicaciones móviles, a la bebida, a videojuegos a la
pornografía. Estamos llenos de esclavitudes.
La castidad integra la sexualidad al servicio del
amor. Los fines de la sexualidad son: configurar nuestra identidad.
Nadie nace en un cuerpo equivocado; como expresión del amor de totalidad;
luego, está ordenada a la unión matrimonial; colaborar con Dios en la
procreación.
Los pecados contra la castidad
La lujuria es buscar el placer por el placer;
engloba todos los pecados en materia sexual. De la lujuria proceden otros
pecados como la masturbación, que está fuera de la finalidad que Dios
puso al cuerpo. Ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva que puede atenuar
la culpabilidad moral. La fornicación es la unión de un hombre y una
mujer fuera del matrimonio. Es adulterio si uno de los dos es casado.
Si en el noviazgo hay sexo, el sexo lo tapa todo y constituye
una dificultad para conocer a las personas con sus virtudes y defectos; para
tener discernimiento hay que guardar distancia, las relaciones íntimas
comprometen. La castidad en el noviazgo es una escuela de amor, de dominio de
uno mismo, que servirá de garantía para el matrimonio. Las relaciones
prematrimoniales en el noviazgo pueden tomar al otro como objeto de placer, lo
que lleva a la manipulación.
La pornografía hace daño a los corazones,
desfigura el amor. ¿Qué es lo que hace
exactamente lo pornográfico en nuestro cerebro? Altera su estructura y su
funcionamiento, y provoca la adicción ya que hay una inundación de dopamina (un
neurotransmisor cerebral relacionado con las emociones y el placer). Su
repetición puede llevar al individuo a perder la capacidad de gobernar su
propio cuerpo. A la larga la pornografía hace que el cerebro se haga más
pequeño.
La pornografía consiste en
sacar de la intimidad de los protagonistas actos sexuales, reales o simulados,
para exhibirlos ante terceras personas (2354). Atentan contra la dignidad de
quienes se dedican a ella; introduce en la ilusión de un mundo ficticio.
Debería de estar prohibida porque es prostitución.
La homosexualidad reviste formas muy variadas, su origen psíquico permanece
en gran medida inexplicado (CEC, 2357); puede haber cierta carencia en la
relación con los padres, o con abusos. Los actos homosexuales son inmorales,
antinaturales, no pueden recibir aprobación en ningún caso (CEC, 2357). Un
chico decía: “Le doy gracias a la Iglesia porque me dice la verdad”. Los actos
homosexuales son contrarios al designio de Dios. Las personas con atracción
homosexual tienen que sentir nuestra acogida; no se les debe ridiculizar ni
atacar. El designio de Dios es que busquen la voluntad de Dios, que unan su
sacrificio al sacrificio del Señor y vivan la castidad, a veces, mediante el
apoyo de una amistad desinteresada. Deben acercarse a la santidad. Estamos
llamados a acompañarlos.
La mentalidad antinatalista ha permeado
fuertemente la sociedad. Dios le dio a la sexualidad la vocación de abrirse a
la vida. La razón última de esta crisis es espiritual. Cada uno debe discernir
sobre el número de hijos. La paternidad responsable no es una paternidad
confortable. Amar es darte. Si no sé amar me cierro a la vida. Amar es dar la
vida. Esto está ligado a la falta de generosidad. Hay métodos mecánicos,
químicos, quirúrgicos, que están fuera de la finalidad de la sexualidad y de la
medicina.
¿Es un acto médico tomar anticonceptivos? La fertilidad
no es una enfermedad; la anticoncepción es usar la medicina para anular la
naturaleza. Dios ha creado la naturaleza humana con sus ciclos fecundos. Hay
métodos naturales para regularlos. La continencia periódica es un método
natural. Es intrínsecamente mala la acción que haga imposible la procreación.
Jesús dice que las acciones impuras salen del corazón.
Si no educas tus deseos y tus pensamientos la impureza se va a imponer. Hay que
cuidar la pureza de intención. Uno tiene que preservar la intimidad a través
del pudor en el vestir y en el hablar. Hay formas de vestir que
provocan que la mirada sea impura. Si pudiéramos ver u oler la suciedad del
alma como la del cuerpo, las filas en los confesonarios serían
interminables, decía el Cura de Ars. “Los que han perdido la pureza son como un
trapo inmenso en aceite, lo lavas y allí sigue la mancha”, dice el Santo Cura
de Ars. Hay un camino para superarlo: confesión sincera y profunda, se
perdona lo que se pronuncia; haz mucha oración, ayuna de cosas sexuales,
evita la pornografía y las series eróticas, reza el Rosario y comulga en estado
de gracia.

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