Una tarea de todos
Raimo Goyarrola es un sacerdote español que vive en Finlandia
hace varios años. Cuenta que iba en un transporte público y un borracho se
dirigió a él, quizás porque iba vestido de sacerdote, y le preguntó a voz en
cuello: ¡Qué bueno que lo veo! Quisiera saber la diferencia entre el
luteranismo y el catolicismo. Él aprovechó la ocasión para explicárselo y
varios viajeros dejaron su lectura para escuchar.
En su 2ª Visita a
México, San Juan Pablo II dijo en San Juan de los Lagos: Cada uno de vosotros,
jóvenes amigos, sois los predilectos de la creación de Dios. Por eso habéis
sido capacitados por Dios para inundar la tierra de su gloria, de su amor,
justicia, vida y verdad (8 de mayo 1990).
A veces no
conocemos nuestra grandeza: El
soldado más pequeño de Jesucristo puede tumbar al Goliat más grande.
En la pintura de
Caravaggio, La vocación de Mateo, Jesús mira a Mateo y extiende su mano:
“Sígueme”. Entre ellos se produce un encuentro, un fenómeno de gran riqueza antropológica.
Algo, que en el fondo, nos supera. A las personas accedemos así, no a través de
lógicas demostraciones, sino mediante el encuentro. Una persona no es
demostrable, es “encontrable”. Y lo mismo pasa con Jesús. Un verdadero
encuentro no basta con la mera presencia física; no es algo puramente mecánico,
biológico o psicológico. Requiere tomar postura respecto a los que reclama
nuestra atención.
El encuentro no es
algo que se pueda imponer, que se pueda confeccionar, planificar o arreglar, es
algo imprevisible. El encuentro nos capta, nos sorprende, tiene un
carácter irreductible, posee algo de único, de irrepetible. Y esto, porque el
ser humano es así: libre e irreductible. En el cuadro, se ve que Jesús se hace
el encontradizo, pasaba por allí. No fue algo que Mateo haya planificado.
Caravaggio capta magistralmente los “instantes”: “fotografía” el instante más
importante en la vida de Mateo. Hay aquí un encuentro entre lo divino y lo
humano.
Sabernos instrumentos
de Dios. Instrumentos ineptos y sordos, pero que se ponen a la disposición
del Señor: “Aquí me tienes”. Y Él hará.
El pegar fuego, dar
doctrina, preocuparse por los demás, es tarea de todos, y es una labor
apasionante porque el protagonista principal es Jesús.
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