Contra lujuria, castidad
La sexualidad afecta al núcleo íntimo de la persona humana. Los aspectos biológicos, psicológicos y morales entran en juego junto con las relaciones afectivas con las demás personas. La sexualidad humana es esencialmente distinta a la animal. “Dios es amor” (1 Jn, 4.8) y su amor es fecundo. De esta fecundidad participa la criatura humana. El sexo es una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad. El acto generativo exige la participación de cuerpo y alma, afectos y espíritu. El pecado original rompió la armonía del hombre consigo mismo y con los demás. Esta fractura oscurece el nexo inseparable entre los afectos y la dimensión generativa de la unión conyugal y dificulta el dominio de la voluntad sobre los afectos y el dinamismo corporal. La sexualidad humana atraviesa todas las potencias, desde lo físico y material hasta lo espiritual, coloreando las distintas facultades según lo masculino y lo femenino. ¿Qué mancha el alma? Los malos pens...