Contra lujuria, castidad

 

La sexualidad afecta al núcleo íntimo de la persona humana. Los aspectos biológicos, psicológicos y morales entran en juego junto con las relaciones afectivas con las demás personas. La sexualidad humana es esencialmente distinta a la animal.

“Dios es amor” (1 Jn, 4.8) y su amor es fecundo. De esta fecundidad participa la criatura humana. El sexo es una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad. El acto generativo exige la participación de cuerpo y alma, afectos y espíritu.

El pecado original rompió la armonía del hombre consigo mismo y con los demás. Esta fractura oscurece el nexo inseparable entre los afectos y la dimensión generativa de la unión conyugal y dificulta el dominio de la voluntad sobre los afectos y el dinamismo corporal. La sexualidad humana atraviesa todas las potencias, desde lo físico y material hasta lo espiritual, coloreando las distintas facultades según lo masculino y lo femenino.

¿Qué mancha el alma? Los malos pensamientos, los adulterios, los homicidios, las fornicaciones, los robos, las blasfemias, la lujuria, los resentimientos.

Los pensamientos impuros y los pecados de la carne nos ensucian con manchas que quedan dentro del cuerpo. No es fácil liberarse de ellos porque el cerebro tiene memoria y las imágenes y las sensaciones permanecen, por eso la impureza es tan mala. Los pecados contra la carne son resistentes a la confesión. “Los que han perdido la pureza son como un trapo inmenso en aceite, lo lavas y allí sigue la mancha”, dice el Santo Cura de Ars. Hay un camino: confesión sincera y profunda, se perdona lo que se pronuncia; haz mucha oración, ayuna de cosas sexuales, evita la pornografía y las series eróticas, reza el Rosario y comulga en estado de gracia (José Ignacio Munilla).

Jesús dice que no es el exterior lo que hace impuro, la impureza de dentro te hace impuro y te aleja de Dios. Hoy se atiende mucho el cuerpo y se atiende poco el alma. Hay gente que vive en pecado mortal por años. Si pudiéramos ver u oler la suciedad del alma como la del cuerpo, las filas en los confesonarios serían interminables, decía el Cura de Ars.

Hay una matización: la formulación bíblica es: “No cometerás adulterio”, nos hace conscientes de la dimensión de la esponsalidad. Dios amó a Israel como un esposo ama a la esposa. La imagen esponsal atraviesa la Sagrada Escritura, esta vocación es inherente a la naturaleza humana. El corazón del sacerdote se casa con la Iglesia, Jesús se desposó con la Iglesia. Para amar fielmente se requiere amar con un amor maduro y responsable. El riesgo es llamar amor a lo que no es amor. La fidelidad es una forma de amar plenamente, con un estilo de vida de sinceridad, de lealtad. Necesitamos que Dios nos enseñe a amar. Dios nos ha dado una vocación al amor, y, en el amor auténtico no hay espacio para la lujuria. “La unión sexual está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer” (CEC, 2360).

“La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza” (CEC, 2341). La templanza modera la atracción de los placeres. Es de gran actualidad porque hay adicción al juego, a las aplicaciones móviles, a la bebida, a videojuegos a la pornografía. Estamos llenos de esclavitudes.

Es difícil vivir la castidad sin ayuda de la gracia. Ayuda mucho la moderación en la comida y la bebida y, sobre todo en la mujer, el cuidado de la modestia y el pudor en el hablar y en el vestir.

La castidad como virtud es para todos los matrimonios, para los solteros, para todos los estados de vida y para todas las personas. La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser espiritual y corporal (cfr. CEC, 2337). No tolera la doble vida ni el doble lenguaje (CEC, 2338), Implica un aprendizaje del dominio de sí; o el hombre controla sus pasiones y tiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado. Los pecados contra la castidad son siempre graves cuando se busca directamente el placer venereo.

La castidad integra la sexualidad al servicio del amor. La sexualidad configura nuestra identidad. Nadie nace en un cuerpo equivocado; es expresión del amor de totalidad; luego, está ordenada a la unión matrimonial; a colaborar con Dios en la procreación.

Los pecados contra la castidad. El vicio de la lujuria tiene graves consecuencias. Es buscar el placer por el placer; engloba todos los pecados en materia sexual. De la lujuria proceden otros pecados como la masturbación, que está fuera de la finalidad que Dios puso, es un pecado grave. Ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva que puede atenuar la culpabilidad moral. La fornicación es la unión de un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es adulterio si uno de los dos es casado.

Si en el noviazgo hay sexo, el sexo lo tapa todo y es una dificultad para conocer a las personas con sus virtudes y defectos; para tener discernimiento hay que guardar distancia, las relaciones íntimas comprometen. La castidad en el noviazgo es una escuela de amor, de dominio de uno mismo, que servirá de garantía para el matrimonio. Las relaciones prematrimoniales en el noviazgo pueden tomar al otro como objeto de placer, lo que lleva a la manipulación.

El Decálogo no tendría utilidad si no toca el corazón. Jesús dice que las acciones impuras salen del corazón. Si no educas tus deseos la impureza se va a imponer.

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Estupidez

Lujuria y lascivia. El sexo en el plan de Dios

Buscar nuestra transformación por medio de las declaraciones u oraciones breves