Omisiones
La omisión es un “no hacer” voluntario o involuntario por el cual se deja de cumplir una obligación o se pasa por alto un detalle necesario o conveniente. Una omisión es dejar de jugar con los hijos pequeños, no dar socorro o no escuchar al hijo adolescente.
Cuando el día ya termina y llega repentinamente la
noche, no olvidemos hacer un examen de conciencia, ya que, no tan sólo nos
juzgarán sobre el amor, sobre aquello bueno que se hizo y el mal que se ha
podido evitar, sino que también, nos mostrarán el bien, que pudiéndose hacer,
no lo hemos hecho. ¿Y qué puedo dar? De
todo aquello que tienes para dar: tiempo, esfuerzo, amabilidad, dinero. Hoy, en
este día, podría haber sido mejor, pero la pereza no ha permitido que haya sido
diligente con el necesitado. Ni tampoco ser indulgente con el que erró. Y ¿si
los muchos pensamientos provocaron en ti suficiente ruido, que te hicieron
olvidar elevar una plegaria que el damnificado te pidió?
No sólo se trata de evitar el pecado, sino de estar
atentos y de manera permanentemente afanarse por hacer el bien. Y ¿si se ha
visto al hambriento no saciar su hambre? ¿Quién se ha tomado el trabajo de
hablarle de que Jesús es el Pan vivo bajado del cielo? y todo aquél que lo
consuma ¡jamás tendrá hambre ni sed!
Dios nos da oportunidades incesantes de poder
practicar el bien. No desperdicies el tiempo, porque si lo haces, se volverá el
peor aliado, porque el tiempo, el ocio, es motivo de caer en muchos vicios.
San Juan Pablo II decía que la persona que sabe
confesar la verdad de la culpa y pide perdón a Cristo, acrecienta la propia
dignidad humana y da muestras de grandeza espiritual (Dublín, 29-IX-1979). Sin
estas palabras: “Padre he pecado”, el hombre no puede entrar en el misterio de
la muerte y de la resurrección de Jesucristo. ¿De qué tenemos que
arrepentirnos? De nuestra indiferencia, de nuestra dureza de corazón, de la
apatía…
La justificación de los pecados leves es camino hacia
la destrucción, es una pendiente suave. Se piensa: “es sólo un programa de TV”,
“es un chisme sobre mi vecina”. El pecado venial habitual debilita la caridad.
Es como hacer un agujero en un barco. Un agujero no lo hunde, pero muchos
agujeros, sí.
Los pecados leves -advierte San Agustín- “no los
consideres poca cosa: si los tienes por tales cuando los pesas, tiembla cuando
los cuentas. Muchas gotas de agua hacen un río” (In Epistola Ioannis ad
Parthos tractatus, I, 6).
2400 caracteres

Comentarios
Publicar un comentario