Restaurando a la familia
Entre todas las instituciones que Dios estableció
desde el principio de la creación, la familia es la primera. Antes de que
existiera la nación de Israel.
Antes de que hubiera un templo.
Antes de que hubiera una monarquía.
Antes incluso de que existiera la Iglesia visible. Existía
la familia.
La familia es el primer santuario de Dios, la primera
escuela de fe, el primer lugar donde se aprende a amar, se practica el perdón y
se tiene un encuentro con Dios. No es de extrañar, por tanto, que a lo largo de
la historia el enemigo haya atacado implacablemente a las familias. Pues cuando
la familia se debilita, la sociedad se vuelve inestable. Cuando la familia
olvida a Dios, las generaciones pierden lentamente su identidad espiritual.
La siguiente lectura presenta una de las declaraciones
más valientes de las Escrituras. Josué se presenta ante el pueblo de Israel y
los invita a tomar una decisión. No pueden servir a Dios y a los ídolos al
mismo tiempo. Deben elegir. Entonces Josué proclama con valentía: "Yo y mi
casa serviremos al Señor". Observa que Josué no habla simplemente por sí
mismo. Él consagra a toda su familia a Dios. Comprende una profunda verdad
espiritual: la fe de una sola persona puede ser el comienzo de la restauración
de toda una familia.
Oración: Padre Celestial,
hoy te doy gracias por el regalo de mi familia. Elegiste que yo naciera en esta
familia con un propósito que conoces desde la eternidad. Conoces nuestras
alegrías. Conoces nuestras heridas. Conoces nuestra historia. Conoces las
bendiciones que hemos recibido y las cargas que seguimos llevando. Nada de mi
familia está oculto a tu amoroso corazón. Señor Jesús, hoy te consagro a mi
familia. Que nuestro hogar se convierta en morada de tu presencia. Sé el Señor
de nuestras conversaciones, el Señor de nuestras decisiones, el Señor de
nuestras relaciones, el de nuestro trabajo, el de nuestras alegrías, el Señor
de nuestros sufrimientos. Restaura toda relación rota en mi familia. Sana los
malentendidos que han perdurado por años. Trae reconciliación donde hay
división. Trae perdón donde el resentimiento ha echado raíces. Trae confianza
donde ha crecido la desconfianza. Trae ternura donde los corazones se han
endurecido. Trae unidad donde ha habido separación.
Padre, te ruego especialmente por cada miembro de mi
familia que se ha alejado de Ti. Búscalos como el Buen Pastor busca a la oveja
perdida. Toca sus corazones con Tu misericordia. Elimina todo obstáculo que les
impida regresar a la Iglesia. Despierta en ellos el hambre de la Eucaristía.
Guíalos de vuelta al Sacramento de la Reconciliación. Restaura en ellos la
alegría de la fe. Espíritu Santo, renueva el altar familiar en nuestro hogar.
Enséñanos una vez más a orar juntos. Enseña a los padres a bendecir a sus
hijos. Enseña a los hijos a honrar a sus padres. Enseña a los esposos y esposas
a perdonarse mutuamente. Enseña a cada miembro de la familia a buscar la
santidad por encima del éxito mundano. Señor, rompe toda cadena que haya herido
a nuestra familia a través de las generaciones. Rompe todo ciclo de odio. Todo
ciclo de adicción. Todo ciclo de violencia. Todo ciclo de infidelidad. Todo
ciclo de pobreza. Todo ciclo de miedo. Todo ciclo de desesperanza. Todo ciclo
de incredulidad. Que la gracia que brota de la Cruz de Cristo establezca una
nueva herencia de fe, paz, santidad y amor para cada generación que venga
después de nosotros.
Padre, que nuestro hogar se convierta en una Iglesia
doméstica donde se ame a Cristo, donde se honre a la Escritura, donde se valore
la oración, donde se otorgue libremente el perdón, donde se practique con
alegría la caridad y donde cada visitante encuentre Tu paz. En cuanto a mí y a
mi casa, elegimos servirte. No solo hoy, sino todos los días de nuestra vida.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

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