Amor verdadero
San Gregorio
Magno señala: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo; pero tratándose del amor
que se debe profesar a Dios, no se señala límite alguno”.
Si quieres saber a quién
verdaderamente amas, sólo piensa para quien siempre tienes tiempo, a quien le
das lo mejor de ti. Allí está la respuesta. Anónimo.
Si
una persona hace oración, podrá oír en el fondo de su corazón que Jesús le
dice: “El tiempo que pases en la tierra es el tiempo que tú puedes hacerme
feliz a Mí. En la eternidad Yo soy el que te hará feliz a ti. Aprovecha, pues,
cada instante de tu vida para darme esa felicidad… Ustedes son mi sueño porque
son mi proyecto. Mis pensamientos ya son realidad, no sueños. Ustedes son mi
sueño, porque sueño que un día serán Jesús… ¿Sabes a qué me dedico? A amarte.
Tú, dedícate a amarme” (R. Sada, Oír
tu voz, pp. 186-190).
Un protestante le preguntó
a San Josemaría:
- ¿Qué es lo verdaderamente importante?
Le contestó de inmediato:
- Lo verdaderamente importante es que Dios
nos ama.
Nos podemos fijar en tres momentos de unas palabras de
Benedicto XVI: El testigo debe ser algo antes de hacer algo. El
discípulo debe ser amigo de Jesús, para no transmitir sólo conocimientos de
segunda mano, para ser testigo verdadero. No hay modo de ser apóstol de
Jesucristo si no hay inventiva, originalidad, iniciativa en mi afectividad.
Darle sorpresas a Jesús, sorprenderle. Consiste en saber tocar el Corazón de
Jesús. Mucho antes que pecador soy amado de Jesucristo. La belleza y la plenitud de la vida dependen
de la calidad de nuestro amor a Jesucristo. Jesús iba a visitar a sus
amigos, a sanar y a predicar por propia iniciativa. No podemos olvidar que
antes que la nuestra está la iniciativa de Dios. Él es el que sale a nuestro
encuentro. Considerar su iniciativa por cada uno de nosotros. Ante cualquier
cosa que nos pasa se compadece. El amor de Dios se llama misericordia porque yo
tengo miserias. La Cruz es el amor de Dios que no puede más.
Según la teología
rabínica, la idea de la alianza, de crear un pueblo santo que esté ante
Dios y en unión con Él, es anterior a la idea de la creación del mundo; más
aún, es su más honda razón de ser. El cosmos fue creado para que hubiera un
espacio para la “alianza”, para el “sí” del amor entre Dios y el hombre que le
responde. (Cfr. Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, II, p. 97).
El Obispo de Helsinki, un vasco llamado Raimo
Goyarrola, dice: “Yo me enamoré de Jesús desde muy joven. Y este amor no ha
hecho más que crecer, empujándome a llevarlo a otros” (Romper el Hielo,
Palabra, Madrid 2025, 3ª ed., p. 12).
"Cuan
equivocados estamos al pensar que dejamos de enamorarnos cuando envejecemos,
sin saber que envejecemos cuando dejamos de enamorarnos",
escribió García Márquez.
Si nos sabemos amados por Dios seremos dichosos, no
tanto porque vamos sino porque Él viene a mí. Con su fuerza iremos adelante.
¿Qué tanto confías en la misericordia? Se nota en los actos de contrición y de
arrepentimiento, que es volver a la casa del Padre.
El amor de Dios es
creador. El Señor no quiere nuestra desgracia, quiere nuestra fidelidad. Cuando
permite contradicciones grandes es para purificarnos. Lo importante es que
Dios nos ama; sostenidos por esta luz, la vida ordinaria adquiere su profundo
sentido sobrenatural. Desaparece la monotonía. Podemos decirle al Señor: “Si tú
no me sostienes, se desenfoca todo”. O se trata de estar en
regla con el Dios de la salvación. Si hay rutina en la oración es falta de
conciencia de quien es Dios. Para estar conmigo, el Señor se dejó triturar como
el grano de trigo, y se quedó en la Eucaristía. El que experimenta el perdón,
perdona.

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