FAMILIA, LUGAR DE PERDÓN
No hay
familia perfecta. No tenemos
padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta
ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a
otros. Por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del
perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia
espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un
reducto de penas.
Sin
perdón la familia se enferma. El perdón es la asepsia del alma, la limpieza de
la mente y, sin él, la atrofia del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena
es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto
autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y
espiritualmente.
Y por eso la familia necesita ser lugar de vida
y no de muerte; el territorio de cura y no de enfermedad; el escenario de
perdón y no de culpa. El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza,
en la que el dolor causó la enfermedad.
Papa Francisco.
Está es la homilía que fue leída en un retiro, por
el Papa Francisco. [31/12/2024]

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