Creciendo en intimidad con Dios
La santidad es la plenitud de la vida humana y a esa se llega por el amor. La plenitud del amor se revela en la Cruz, así, la plenitud de la santidad es el amor crucificado. La misericordia es parte del amor.
Principios del camino espiritual
Se habla de una vía purgativa en la vida espiritual en
la que predomina la lucha en los mandamientos que dicen: no matarás, no
cometerás actos impuros, no robarás. Luego se camina por la vía iluminativa
donde hay prácticas de piedad constantes y crecimiento en el amor a Dios y a
los demás. La vida unitiva es cuando la persona se une más profundamente a
Dios. Todo ello requiere la adquisición de hábitos y de perseverancia. Esas
vías no siempre se dan sí porque cada persona tiene un camino único.
La oración del cristiano es relacional y
humana, también es trinitaria. No se puede separar lo
relacional en la Trinidad. Podemos hacer la analogía con las relaciones
humanas. Pasamos tiempo con una persona, hay afinidad, vamos revelando lo que
hay en nuestro corazón, más confianza. Empezamos a amar lo que ama el amigo y a
odiar lo que odia el amigo.
La amistad más profunda es la del que está dispuesto a
dar la vida por el amigo, como lo haría Jesús. Un buen amigo no me lleva al
mal camino. Jesús nos llama amigos porque ha compartido lo que ha recibido
del Padre.
Los hombres y las mujeres somos diferentes. La belleza
de la complementariedad se experimenta en el matrimonio. Somos diferentes a
Dios, pero hay un descubrimiento mutuo, como en las relaciones humanas. La
oración desarrolla esa conversación con Cristo. Esta reciprocidad nos abre a
la contemplación del rostro del Padre.
Hay una intimidad con Dios donde hay un revelar que yo
hago a Jesús y hay un recibir de parte del Señor. Ese dar y recibir se va
haciendo más íntima en la medida en que le mostramos más a nosotros mismos.
Llevamos a la oración lo que está sucediendo o ha sucedido recientemente. Luego
le consultamos sobre nuestras decisiones.
A veces nos dormimos en la oración. A Dios le podemos
hablar desde nuestro quebrantamiento, nuestra pobreza. Él hace suyo
nuestro dolor. Traemos a Él nuestra humanidad para que sane. Le
mostramos nuestras heridas y Él nos muestra las suyas, las indiferencias que
sufre. La pequeñez es que siempre necesito a mi Padre Dios y Él pone en mi mano
sus tesoros Las virtudes cardinales son hábitos que Dios pone en nosotros, dice
Santa Teresa de Lisieux, esos son los tesoros de Dios. Dios se encanta cuando
ve nuestros esfuerzos.

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