El Reino de Dios


 

El doctor Luis Romera explica que, el gran tema de la predicación de Jesucristo es el Reino de Dios, luego va desglosando lo que significa. Para San Agustín, el Reino de Dios está en la intimidad, tendrá su acontecer en la escatología, pero ese reino se va incoando en la historia, se va haciendo presente y aquí entra la Iglesia.

Leonardo Polo dice: El cristianismo es primeramente una Revelación divina, es más importante la vinculación de Dios con el hombre que la del hombre con Dios. Nos precede el Amor de Dios. El primado de Dios está presente en toda la Historia de la Salvación. La preminencia de Dios presenta a la Iglesia como una auténtica sociedad, con ella no se pueden aplicar solamente categorías sociológicas. La Iglesia es la presencia de Cristo en la historia, el misterio de Cristo no se detiene, su continuación es la Iglesia.  

Para Polo la Iglesia es “misterio”, y la realidad del ser humano es asimismo misterio. La intimidad de cada uno es lo que nos lleva al fondo de la vida del cristiano y a la realidad última del ser humano. La categoría misterio nos ayuda a acercarnos a la realidad última del ser humano, a nuestra intimidad.

Leonardo Polo explica: El misterio es un contenido nocional superior a lo que la razón puede conocer, a la vez es un tipo de realidad, pertenece al orden del ser y del conocer, enfocado como realidad, el misterio es toda iniciativa divina, cuyo destinatario es el hombre, el cual resulta asociado a dicha iniciativa. La realización por antonomasia del misterio es Cristo.

En el juicio lo importante va a ser la caridad. La misión de la Iglesia es preparar esa soberanía definitiva. El amor de Dios permea y transforma toda realidad.

Uno de los descubrimientos sobre el ser humano es el sentido de historia. Es una historia que tiene que culminar, tiene un sentido. Por revelación sabemos que la historia posee su culminación propia. Aquí aparece el misterio de la Iglesia. La antropología sabe que el hombre debe culminar. Si la marcha de la historia tiene un sentido intrínseco no puede ser más que el crecimiento moral de la humanidad.

El acabar de la historia es una recapitulación. Si es recapitulación es asumir y llevar a su plenitud. La recapitulación da sentido a la historia y a la actividad humana y trasciende. La recapitulación es un “abrirse paso”, algo que ya está presente queda dotado de sentido definitivo, ya no es pretérito. Así lo recapitulado ha sido asumido definitivamente. El amor cristiano hacia las realidades terrenas hace que resplandezca el amor de Dios en ellas. La Iglesia militante es Cristo en su continuidad.

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