No matarás

 


No matarás (Ex 20.3). El Señor profundiza y dice: “todo aquel que se encolerice con su hermano será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).

La vida humana ha de ser tenida como sagrada porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el creador, su único fin. Sólo el Señor es señor de la vida desde su comienzo hasta su término. Nadie puede atribuirse el derecho de matar a un ser humano inocente (CEC 2258). La vida es sagrada porque ha sido creada por Dios; Dios infunde el alma, la vida. Los animales se reproducen; los seres humanos procrean, crean en colaboración con Dios. La vida es sagrada desde el principio hasta el fin. La vida me es dada, yo no elijo la vida, es algo previo a mi voluntad.

La Historia Sagrada habla del primer pecado contra la vida, que es el asesinato de Abel en manos de su hermano Caín, consecuencia de la ira y la envidia. Dios manifiesta la maldad del fratricidio cuando habla con Caín. Ese pecado interior lleva tiempo gestándose, Caín andaba cabizbajo porque su hermano Abel era más agradable a Dios. Otro pecado está en que Caín rechazó la corrección de Dios. Yavé le dice a Caín: El pecado está a tu puerta, pero tú puedes dominarlo. Caín se endureció y pasó del resentimiento al odio y del odio al homicidio, es decir, lo mató antes en su corazón. El pecado que no se combate por dentro se desborda por fuera.

Con la llegada de Jesús comprendemos la profundidad de “no matarás”, añade el rechazo a la ira, al odio, a la venganza, pide presentar la otra mejilla, amar a los enemigos, es decir, va mucho más lejos. ¿Cómo vencer el rencor? Amando al enemigo. El 5º Mandamiento exige amar. La única manera de no matar es amando al prójimo, superar la indiferencia, superar el desprecio, el insulto. Lo que Jesús añade al “No matarás” del Antiguo Testamento es el perdón.

Matices prácticos

La legítima defensa puede ser no sólo un derecho, sino un deber, se permite matar si está en juego la vida que nos ha sido encomendada. El amor a sí mismo es un principio de la moralidad, respetar el derecho a la propia vida.

El tema de la pena de muerte es un derecho de las autoridades para defenderse de los injustos agresores. Puede haber otros recursos como un castigo que redima. Hay otras formas de defenderse de los injustos agresores (CEC, 2267). En Estados Unidos es legal. Hay un movimiento que se llama “No mates a Caín”, que está en contra de la pena de muerte.

Hoy día, la sensibilidad mayoritaria tiene una conciencia global de lo grave de perpetrar homicidios. Hay otras materias en donde no hay tanta claridad como en el aborto. Cuando hubo esclavitud era un “pecado de época”, había una ceguera colectiva, un eclipse de la razón.

La vida humana ¿comienza a ser persona en el parto o cuando se inscribe en el Registro civil? La vida humana empieza en la concepción no en el consenso.

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción (CEC, 2270). La Biblia nos dice: “Antes de haberte formado yo en el seno materno te conocía, y antes de que nacieses te tenía consagrado” (Jeremías 1,5). El aborto querido es gravemente contrario a la ley moral

La ciencia viene en ayuda de la ética. La biogenética ha descubierto que el código genético, el ADN, se ha configurado en el momento de la concepción, es único. A partir de allí todo es cuantitativo.

En la cadena de montaje de un coche, hay una cadena de desarrollo; se le van añadiendo partes. En el feto no se hace nada, se le deja desarrollarse. El aborto tiene pena de excomunión, no hemos de habituarnos a esta barbaridad. Hay quienes buscan un diagnóstico prenatal con una mentalidad abortista; si el niño viene mal, muere.

El Catecismo habla de la finalidad terapéutica del aborto. “Se deben considerar lícitas las intervenciones sobre el embrión humano siempre que respeten la vida y la integridad del embrión (Instrucción Donum vitae 1.2). Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como “material biológico” disponible (cfr. CEC, 2275). Un ser humano no puede ser utilizado como medicamento, en la fase embrionaria ni en la que fuere. En la fecundación in vitro se sacrifican varios embriones.

La eutanasia. Hay una distancia infinita entre morir y matar. “Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de las personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable” (CEC, 2277). Se puede no aceptar ciertos tratamientos extraordinarios, por ejemplo, dentro del cáncer, el enfermo rechaza la quimioterapia (es lícito). Se ha de evitar la obstinación o el encarnizamiento terapéutico para prolongar la agonía del paciente terminal.

Se está recurriendo a los cuidados paliativos que ayudan a morir evitando los sufrimientos. La sedación que no tiene retorno tiene el riesgo de acercarse a la eutanasia.

Hay que evitar los excesos en la comida, la bebida y en la velocidad. Si se cae en ellos, hay pecado, hay que confesarlos.

En la guerra justa no se han de usar armas que dañen de manera global. “Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras” (CEC, 2308). No se debe bombardear las poblaciones civiles. Luego está el respeto a los prisioneros. No se debe decir: “Yo debo obedecer” si lo que me mandan es grave, existe la objeción de conciencia.

Hay dos películas que merece la pena verlas, una es Vida oculta, de 2019. Otra: Hasta el último hombre.

 


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