Un hombre según el Corazón de Dios
David es modelo de hombre que tuvo intimidad con Dios.
Sobresale por la grandeza de su corazón; ojalá que seamos conocidos por la
grandiosidad de nuestro corazón con Dios. La mayor obra de David fue estar en sintonía
con el Corazón de Dios. Fruto de eso fueron los salmos. Dios ama a todos, pero el
Rey del Universo se deleita conmigo. Repítelo, es una verdad grande.
Samuel se fue a la casa de Jesé para que el Señor le
señalara a quien de los hijos debía ungir. El padre llamó a sus siete hijos
mayores y, a David, lo dejó cuidando ovejas. En algún momento, quizás su
familia lo hizo menos y pudo rezar: “Señor, por ti he aguantado afrentas”,
dice el salmo 27.
La alabanza y la adoración ¿pueden ser un
estilo de vida?
¿Qué significa adorar a Dios?
en su etimología significa inclinarse, doblarse o postrarse ante el Señor
porque le debemos todo. Adorar es reconocer la nada de la creatura que sólo
existe por Dios, es darle gracias por lo que ha hecho por nosotros. El
sacrificio es parte de la adoración a Dios. Con el sacrificio le devolvemos
“algo” a Dios, el énfasis está en el dar más que en privarse de algo. Yo
ofrezco sacrificio en alabanza y acción de gracias. Puede doler, pero lo hago
voluntariamente porque quiero agradecer a Dios sus bienes, desde lo más
profundo del corazón. Es también un modo de expiar el pecado. Jesús mismo se
ofrece como el sacrificio perfecto por nosotros. En la Misa unimos
nuestro ser a Jesús y ésta es la ofrenda perfecta a Dios.
Una de las cosas más importantes es que nuestro culto
a Dios no se limita a la Santa Misa, fuente de la que emana nuestra vida.
Podemos unir nuestra vida a la adoración cuando cantamos alabanzas o las
rezamos.
Dice el Catecismo: “La alabanza es la forma de orar que
reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le
da gloria, no por lo que hace, sino por lo que Él es. Participa en la
bienaventuranza de los corazones puros que lo aman en la fe antes de verlo en
la Gloria. Mediante ella el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar
testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rm 8,16), da testimonio del Hijo único
en quien somos adoptados y por quien glorificamos al Padre. La alabanza integra
las otras formas de oración” (CEC, 2639).
¡La alabanza integra las otras formas de
oración! En la alabanza nuestro espíritu se une al
Espíritu de Dios, y el Espíritu da testimonio de que somos hijos de Dios.
Fuimos hechos para amar y alabar a Dios. Si vivimos una vida de alabanza
nos convertimos en incienso de agradable olor a Dios.
Alabar a Dios implica ofrecernos a nosotros mismos con
todo lo que tenemos en adoración y alabanza a Dios. Dios quiere que tengamos
intimidad con Él a través de la adoración.
La Biblia narra que los filisteos habían robado el
Arca de la alianza, los israelitas la recuperan y David se puso a danzar para
subir el arca entre aclamaciones (2 Samuel 6, 6). Puso su orgullo sobre el
altar. Si oramos cuando nos apetece o nos nace, nos buscamos a Dios sino
al propio yo. No tenemos derecho a juzgar a alguien por su modo de adorar, sólo
Dios ve el corazón.
David llevó a Israel a la adoración con arpas y
cítaras; tocaban las trompetas ante el arca. Hace que el culto de Israel se
llene de alabanzas, antes de él la adoración se hacía en silencio, pero David
forma un coro de levitas para que canten al Señor con instrumentos (1 Cron,
15-16). Expresan lo que sucede interiormente a través de los salmos. Estableció
cuatro mil músicos y otros tantos cantores, en total, diez mil hombres hábiles
en la música (1 Cron 23). Todos ellos renovaron el culto con platillos, arpas y
cítaras. Con este avivamiento la gente vuelve a Dios.
Adoramos a Dios en y a través de nuestros cuerpos,
aclamamos a Dios con gritos de júbilo. Usamos campanas porque nuestro culto se
da a través de nuestros cuerpos. Dios quiere todo nuestro ser: cuerpo y alma.
Tenemos un Dios de amor que quiere lo busquemos su trato y que nos amemos unos
a otros.
La adoración en sí está hecha para ayudarnos. El
sacrificio exterior debe ser expresión del sacrificio espiritual. Lo que sucede
exteriormente debe ser expresión de lo que sucede interiormente. Me enfoco
en Jesús y eso es lo que Dios quiere.

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