Alegría
No
hay un día en que Jesús no quiera que la alegría sea parte de tu vida en unión
con Él y que la lleves a otros. Dios a través de San Pablo dice: “Alégrense
siempre”, el Señor está cerca, y lo dice en la cárcel.
La paz y la alegría
son reflejo de la fe. Ser causa de alegría para los demás no es fruto de
nuestro esfuerzo, sino que viene de la fuerza del Espíritu Santo, que es quien
nos lleva más al Señor. Sólo el Espíritu Santo nos explica que significa que la
Obra está en mis manos.
Santo Tomás de Aquino decía: la alegría no es una virtud distinta de la
caridad, porque es efecto de la caridad. La palabra contento en italiano –contentezza- quiere decir “lleno de
contenido” (contenuto).
La alegría auténtica
nace de la certeza de sabernos siempre infinitamente amados por Dios, que nos
prepara una gran fiesta, la profunda alegría del arrepentimiento. Lo
verdaderamente importante es que Dios nos ama.
Cualquier cosa está antecedida por el amor de Dios. Podemos amar a Dios,
pero Él nos amó primero. Un poeta jaliciense, Enrique González
Martínez, dice: Solo tres cosas tenía para su viaje el romero, los ojos
abiertos a la lejanía, el oído atento y el paso ligero.
Pensemos: ¿qué es lo que me da
felicidad, alegría? A veces somos un poco materialistas: “me da alegría
sentirme reconocido, o comprarme ropa, o tener pegue con un galán, o hacer deporte, o ver algo agradable”. También
hay que pensar: ¿Y qué le da alegría a
Dios?
Joseph Pieper dice que la alegría es fruto de la lucha. Nuestra vida es
realizar el amor. Lo imposible es lo que se nos pide: recristianzar la
sociedad. Por eso, ante los problemas, buen humor. Nuestros errores son parte
del omnia in bonum (todo es para bien).
Dice la Sagrada Escritura que “habrá alegría en el cielo por un pecador
que haga penitencia”; y el Profeta Ezequiel nos dice: “Porque en cualquier día
que el justo peque, todos sus méritos se echarán en el olvido ante mí” (Ez 30,
13). Dios amenaza con castigos a los justos si caen; mientras que a los
pecadores les promete misericordia para que se animen a levantarse. ¿Eres
justo? Teme la ira para que no caigas. ¿Eres pecador?, confía en la divina
misericordia para que te levantes[1].
Cuatro frases célebres:
“Llorar, sí; pero llorar de pie, trabajando; vale más sembrar una cosecha
que llorar por lo que se perdió". Alejandro Casona
"Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene". Baltasar
Gracían.
“Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a
callar". Ernest Hemingway
"El amor es lo único que crece cuando se reparte". Antoine de
Saint-Exupery
El Maestro
Eckhart escribió: "Si
le dieses gracias a Dios por todas las alegrías que Él te da, ya no te quedaría
tiempo para quejarte." (siglos XIII-XIV).
¿Raíz de la alegría? que
somos hijos de Dios y herederos del Cielo. Todo está resuelto, sólo falta que
seamos fieles. Somos hijos de Dios y nada nos debe turbar;
ni la misma muerte. Para la verdadera alegría nunca son definitivas ni
determinantes las circunstancias que
nos rodeen. Sólo en Cristo se encuentra el verdadero sentido de la vida
personal y la clave de la historia humana.
[1] Cfr. San Gregorio Magno, Las parábolas del Evangelio, Homilia


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