Jesús es modelo de intimidad con el Padre
Jesús murió para que puedas tener la misma
relación de intimidad que él tuvo con su Padre.
Podemos orar: “Jesús, ¿a qué área de mi vida quieres llevarme hoy? ¿Puedes
enviar a tu Madre para que me consuele en este lugar? Gracias por tus
beneficios, por este aceite nuevo que enciende mi lámpara”.
Jesús es nuestro modelo y toda su herencia es para
nosotros. Jesús espera todo de su Padre, sabe que puede pedir y que el Padre le
va a dar su Espíritu sin medida. Jesús se retiraba a hablar con su Padre,
siempre encontraba el tiempo para retirarse y orar. El Señor quiere que
busquemos esa intimidad con Él. Con Dios hay que hablar con manos libres, y
mientras trabajamos en algo, podemos tener esa presencia de Dios y caminar con
Él, pasando por lo que estemos pasando.
No falta ser muy maduro para tener esa intimidad,
basta con desearla, con la intencionalidad. Estando con Jesús es como lo vamos
a conocer. Si estamos deseando tener su medida nuestra medida será “sin medida”.
Jesús ama al Padre y nos ama a nosotros de un modo tan
desinteresado y tan real que es difícil de entenderlo (cfr. Juan 17), y, además,
quiere que seamos sus íntimos.
Mi identidad, mi valía está en Cristo, en la
complacencia del Padre, no en mi desempeño. El Espíritu Santo quiere comunicar
que tu valía está en Cristo. Ayuda hablar en voz alta con Dios, ya que
reforzamos con el sentido exterior.
El niño pide y pide y es feliz, se sabe amado y es
agradecido, así nos quiere ver Dios: niños. Cuanto más niños seamos, mejor, más
creceremos en la cercanía y la unidad con el Padre, más le conoceremos, que es
lo que Jesús desea. El Padre se deleita en nosotros, hemos de sentirnos amados,
conocidos, mirados. “Espíritu Santo: Muéstrame como el Padre se deleita en
mí. Te amo, te necesito. Te doy gracias porque me sostienes cada día, cada
momento. Soy nada sin Ti. Padre: muéstrame quién eres”.

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