Tercer Mandamiento
El tercer mandamiento dice: Santificarás las fiestas
(Éxodo 20, 8-11). El Libro del Éxodo (20-1) da el
nombre de “Palabras” a los Diez Mandamiento ya que en ellos Dios habla.
El
hombre está llamado a participar del poder creador de Dios perfeccionando el
mundo por medio de su trabajo, y también debe descansar. El domingo se
santifica con la participación en la Santa Misa para que no nos falte el
alimento imprescindible para vivir como hijos de Dios.
En seis días hizo Dios la creación y el séptimo día,
descansó. Descansar parece un mandamiento fácil de cumplir, pero hay un
descanso falso y otro verdadero. Es difícil saber descansar; nuestro tiempo se
caracteriza por la ansiedad. En la Sagrada Escritura el día de descanso
consiste en gozar de lo que Dios ha hecho, es el día de la contemplación y la
bendición. Esto no tiene nada que ver con evadirse para descansar. Al
descanso como fuga de la realidad, en Decálogo opone el descanso como bendición
de la realidad.
José Ignacio Munilla Obispo de Orihuela-Alicante
explica: Descansamos para bendecir la realidad, no para huir de ella. Es el día
para hacer las paces con la vida, puede ser dolorosa, pero sigue siendo
preciosa. Esto requiere alejarse de la tentación de la “lectura pesimista de la
vida”. Es propio el victimismo en nuestro tiempo, tenemos que hacer distancia y
hacer las paces de lo que huyo. Es necesario reconciliarte con tu propia
historia, con los episodios que te cuesta aceptar. Valora y acepta tu propia
historia, sino no se descansa. Esta es una batalla interior a librar.
En Deuteronomio 30, 19ss dice: Pongo delante de ti la
vida y la muerte, escoge la vida para que vivas tú y tu descendencia amando a
Dios. Hay que decir como la Virgen: “Hágase en mí”. Se trata de que bendigas lo
que Dios ha hecho.
¿Cómo descubrir que la vida es bella?
descubriendo que todo es gracia. Por fe sabemos que todo está en manos de Dios,
todo es para su mayor gloria.
Jesús nos dice: “Venid a mí los que estáis cansados y
agobiados y yo os aliviaré” (Lucas 1,21). Mi alma sólo descansa en Dios, para
eso bendecir la vida de Jesucristo.
La creación es grandiosa, en el universo hay dos
billones de galaxias. La tierra gira a 1600 Km por hora. La inmensidad de la
creación es expresión de la grandeza divina: Es una llamada a decir: ¡Qué
grande eres, Dios! El hombre del campo cultiva la contemplación por su contacto
con la naturaleza. El hombre de la ciudad tiende a perder conciencia de las
obras de Dios.
El israelita de todos los tiempos celebra el séptimo
día haciendo memoria de la creación, ante el peligro de creerse Dios.
Somos reyes de la creación. También celebra la liberación de la esclavitud de
Egipto, la alianza del Sinaí. Dios tomó respiro el séptimo día, lo que es
modelo para la acción humana. Es una manera de hablar porque Dios no se
cansa, pero es una metáfora en la que Dios se adapta para así justificar
nuestro descanso. Es una rebeldía frente al “dios dinero”.
Ante la pregunta ¿qué te dificulta seguir a Jesús? un
niño de 6º de primaria contestó “las adicciones”. Cristo es mi libertador,
hemos sido liberados de las adicciones y esclavitudes. El trabajo obsesivo es
un “refugio” para algunos. Se trata de descansar para entregarnos
vocacionalmente, es decir, para no arrastrarse.
En los Evangelios Jesús hace una interpretación del
sábado: “El sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado”. Los
fariseos habían desvirtuado el sábado. Para los judíos, el shabat comienza en
viernes cuando ya no distingues el hilo.
Jesús es el nuevo Moisés, dice que él es el dueño del
sábado. Cristo resucitado es el hecho salvífico más importante, es la
victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Por eso se pasa la celebración del
sábado al domingo. Esto es así desde el principio. San Justino lo dice
delante de los judíos, es el día en que el señorío de Cristo sobre la muerte se
manifiesta (año 150 d.C.).
En el corazón de todo hombre está escrito que, de
alguna manera, debe honrar a Dios. Eso es de ley natural. Existe además
la ley divina: Santificarás las fiestas. Y la Iglesia, después de la
resurrección de Jesucristo pide oír Misa los domingos y fiestas de guardar. En
el centro de la celebración está la eucaristía que es el corazón del domingo. La
Iglesia dispone que “el domingo y las demás fiestas de precepto los fieles
tienen obligación de participar en la Misa” (CIC, can 1247 y CEC, 2180).
El precepto dominical tiene una pedagogía. Cuando
excluimos la eucaristía estamos pecando gravemente, porque despreciamos el amor
de Dios. Deja patente que, si no vas a Misa, no cumples el Primer
Mandamiento, el de amar a Dios. El precepto es una luz que se enciende para ver
que falta amor al Padre-Dios. Es un signo de que nos sabemos amados por Dios.
Si no asisto a Misa los domingos significa que soy insensible ante los dones de
Dios. El precepto dominical enciende un indicador de que me puede faltar amor.
¿Cómo vivo mejor la eucaristía? Preparándola, habiendo leído las
lecturas previamente y haciendo la Acción de gracias después de
comulgar.
El domingo es un día de descanso para disfrutar de la
vida familiar, cultural, religiosa (cfr. CEC, 2184). Si se requiere trabajar el
domingo, puedo ir a Misa el sábado en la tarde. El domingo también es día de
visitar a los que viven solos, a los ancianos, a los pobres y a los débiles. Es
un día de alabanza, de lectura de la Biblia.

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