A Dios le agrada nuestra alabanza
¿Por qué hay que hacer oración de alabanza? Porque
fuimos creados para alabar a Dios, para hablar con Él y para escucharlo. Es un camino
de descubrimiento. Fui creado para darle gloria a Dios con toda mi vida.
Existimos porque Él lo ha querido, la alabanza es una respuesta a Dios que
rebosa. Lo esencial es reconocer la grandeza de Dios. La alabanza dirige la
atención fuera de uno mismo para centrarse en el Creador.
En la alabanza te abandonas a Dios y Él te mueve, obra
en ti. Se da un encuentro que me permite abrirme. Dios se vuelca y me llena de
su amor. El Espíritu Santo me envuelve de pies a cabeza, me da la vida. A veces
la alabanza me hace levantar los brazos. Deja fluir al Espíritu para que
alabemos como Él nos inspire. Si soy tímido, cierro los ojos y Él me lleva.
“Jesús, te damos gracias porque eres la luz de nuestra
vida, enséñanos a buscar tu Rostro. Si me declaran la guerra, permaneceré
tranquilo porque Tú estás conmigo, mi corazón no temblará”.
Cuando estamos en adoración, estamos en la gloria de
Dios, y más cuando estamos ante el Santísimo. Cuando alabas se abre el Cielo,
es como si Dios abriera la puerta y se regocijara con su hijo que da gracias
por las bendiciones cotidianas. En ese momento el Cielo se une a la tierra.
Alabar lleva a la intimidad con Dios, lo dejo entrar, bajo la guardia.
No juzguemos la forma de alabar de los demás. Dios
tiene un camino para cada uno. Es un modo de centrarse en Él y no mirar
alrededor. Hay que dar libertad al Espíritu para que se mueva, y nos mueva,
como quiere. La alabanza me conecta de Corazón a corazón. “Espíritu Santo,
inúndame con ese espíritu de alabanza. Renueva mi mente”.
Bailo ante el Señor porque a Él le gusta. Levanto mis
manos como ofrenda porque a Él le gusta. Me inclino o me postro porque a Él le
gusta. Que toda la creación alabe al Señor; te alabo en el valle y en el monte,
de día y de noche. Cuando alabo Tú estás a mi lado. Mi alma le canta a Dios,
alaba a Dios mi corazón porque no hay otro como Él. Según avanza la alabanza,
mi pecho se ensancha. Te alabo porque eres Dios, porque me liberas de mis
angustias y siento tu presencia.
“Señor, crea en mí un corazón puro, dame un corazón no
dividido, un corazón centrado en ti. Líbrame de lo que divide mi corazón. De
todo lo que me quita la alegría de tu Espíritu, líbrame Señor. De no obedecer
tu voz, líbrame Señor. De buscar complacer a los demás antes que a Ti, líbrame
Señor. De recibir mi identidad de otros, líbrame Señor. De no consultarte en
todo, líbrame Señor y dame un corazón puro. Derrama la pureza de tu Corazón en
nosotros para ser hombres y mujeres según tu Corazón”.
Poner música de alabanza puede ayudar a entrar en
sintonía con el Señor. El Señor abre caminos, cumple promesas y sana nuestro
corazón; así es Él. El Espíritu Santo es el futuro de la Iglesia.

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