"No deje nuestra alma
de dedicarse a las Sagradas Escrituras, a la meditación y a la oración, para
que la Palabra
de aquel que está presente en ellas sea siempre eficaz en nosotros". San
Ambrosio s. IV.
"Cultivemos nuestra
inteligencia mediante la lectura de los libros Santos: que nuestra alma
encuentre en ellos su alimento diario. ¿Cómo podríamos vivir Sin la ciencia de
las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer a Cristo, que es la
vida de los fieles? Nos alimentamos con la Carne de Cristo y bebemos su Sangre no solamente
en el misterio de la Misa,
sino también leyendo las Escrituras"... "Todo cuanto leemos en los
Libros Santos brilla y resplandece aun en su corteza, pero hay más dulzura
todavía en su pulpa. El que quiere comer la almendra debe romper la nuez".
San Jerónimo s. IV.
"Tanto más fuerte es
el aroma que expanden los perfumes, cuanto más se los frota entre los dedos.
Así sucede también con la frecuentación de las Escrituras. Cuanto más
familiares llegan a sernos más se revela el tesoro que esconden y más se logra
aprovechar el fruto de sus inefables riquezas". San Juan Crisóstomo.
"Habiéndote enviado
el Señor del cielo sus Cartas, ¿cómo te descuidas en leerlas y no manifiestas
ardor y rapidez en saber lo que ellas contienen?". San Gregorio, s. VII.
"Te ruego encarecidamente
que le dediques en primer lugar a la lectura de los Libros Sagrados, en los que
creemos encontrar la Vida
eterna". San Beda el Venerable, s. VIII.
"Tenemos necesidad de
leer la Sagrada
Escritura, ya que por ella aprendemos lo que debemos hacer,
lo que hay que dejar y lo que es de desear". San Bernardo, s. XII.
"De la misma manera
que el apetito terreno es una de las mejores pruebas de salud corporal, también
el apetito de la Palabra
de Dios es una señal bastante segura de la salud espiritual". San
Francisco de Sales, s. XVII.
"Las páginas de ambas
Alianzas se confirman mutuamente. En Jesucristo se cumplieron las promesas de
las figuras proféticas y el sentido de los preceptos de la Ley: con su presencia, El
enseña la verdad de la profecía, y por su gracia, hace posible la práctica de
los mandamientos." (San León Magno, s. V). Fuente: Cfr. www.apologetica.org
Cuestiones prácticas para la lectura de la
Biblia
¿Puede
leerse cualquier Biblia? No, porque puede contener
errores doctrinales o morales. Para evitar esos errores, un católico sólo debe
leer Biblias con notas y explicaciones aprobadas por la Iglesia Católica,
es decir, que tengan "Nihil
Obstat" e "Imprimatur".
¿La Iglesia recomienda la
lectura de la Biblia? Sí. Porque es alimento constante para la vida del alma; produce frutos
de santidad, es fuente de oración, gran ayuda para la enseñanza de la doctrina
cristiana y para la predicación. El Concilio Vaticano II "exhorta a todos
los fieles con insistencia a que, por la frecuente lectura de las Escrituras,
aprendan la ciencia eminente de Cristo" (Constitución Dei Verbum, n. 25)
¿Cuáles
son las versiones más importantes en la Iglesia?...
Las versiones más
importantes en la Iglesia
son: La Vulgata
y la Neovulgata.
¿Qué
es la Vulgata?
La Vulgata es la traducción al
latín que hizo San Jerónimo a finales del siglo IV. Esta versión fue
solemnemente declarada como auténtica por el Concilio de Trento (1546). Esta
versión Vulgata fue el primer libro que imprimió Gutenberg, el inventor de la
imprenta, en 1450.
¿Qué
es la Neovulgata?
La Neovulgata es la misma
versión Vulgata, a la que se han incorporado los avances y descubrimientos más
recientes. El Papa Juan Pablo II la aprobó y promulgó como edición típica en
1979. El Papa lo hizo así para que esta nueva versión sirva como base segura
para hacer traducciones de la
Biblia a las lenguas modernas y para realizar estudios
bíblicos.
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